LA GUERRA DEL PACÍFICO EN CLAVE DE UNIFORMES



Tal como sus pares peruano y boliviano, el Ejército de Chile era heredero del modelo francés, sistema que imponía un vestuario uniforme, y pequeños distintivos de los rangos. Pero la tradición pudo más. "Pese a que la tela y el corte de los uniformes de la tropa y de los oficiales chilenos eran similares, había grandes diferencias de hechura y de color, porque los oficiales se mandaban a coser trajes en las localidades que iban ocupando. Tenían hasta 20 uniforme.jpgmudas", comenta Greeve, y agrega que "además, los oficiales peruanos y bolivianos llevaban profusión de adornos, que los hacían fácilmente identificables en los combates, porque éstos se realizaban a campo abierto. No existía el camuflaje".

Gallardía y elegancia

"En la mayoría de los trabajos había riesgo de quedar mutilados, tal como en la guerra, pero ésta pagaba mejor. Y muchos de los cesantes que probaban suerte en la minería van a combatir con el temido corvo. Toda su vida anduvieron con harapos, y de un día al otro, tenían hasta zapatos... ¡Se sentían orgullosos de su uniforme!", enfatiza Fernández. Operaba el concepto de gallardía.

Al inicio del conflicto, Chile mantuvo su clásico uniforme azul y rojo (el de "Caliche Sangriento"), de inspiración francesa. "La elegancia era muy importante en la época, pero empieza a sacrificarse a medida que avanza el conflicto, buscando la comodidad. Chile crea un modelo de brin (tela de saco), blanco o marrón, adecuado al calor desértico del día. Para la noche, se ponían encima su otro traje, de paño gris azulado. Y, finalmente, un poncho", toma la palabra Fernández. Así protegían su tenida más delicada y cara.

Continúa Greeve: "Se cree que lucharon más de 110 mil chilenos entre 1879 y 1884. La tela nacional no bastaba. Apenas parte la guerra, Chile realiza en Francia una gran compra de tela gris azulada, que llegó recién a fines de 1880 y que se envió a todos los talleres disponibles. Incluso en los conventos se cosieron pantalones y chaquetas".
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Coronel Peruano de Infantería

Los regimientos que no recibieron sus prendas, se las arreglaron como pudieron, gestándose así combinaciones insólitas. "El Atacama, de Copiapó, que tuvo que ocupar color negro, se ganó el sobrenombre de 'los padrecitos'; y el Coquimbo, de La Serena, utilizó mezclilla, que entonces se reservaba a los indigentes. El Chacabuco, de Santiago, vistió chaqueta azul, pantalones blancos y ¡un casco prusiano!", relata Fernández. Ello, gracias a 500 modelos Pickelhaube con destino Lima que habían sido requisados en Valparaíso y que, más tarde, serían heredados por un batallón formado por salitreros, que, por lo mismo, usaban uniformes café de corte inglés, emulando la tenida que ese país estrenó en Sudán.

En 1879, Perú posee trajes de campaña blancos, de dril (tela de fatiga), para áreas calurosas, y un cambio de paño azul. "Bolivia había comprado gran cantidad de vestuario del II Imperio Napoleónico, dado de baja, pero igual tuvo que improvisar, adaptando telas nacionales, multicolores, para su ejército", especifica Greeve.

En Chile, las prendas de antaño no son parte del uniforme actual. Lo que sí quedan son balas y armas, abandonadas en el norte. "El equipo y la ropa de cada soldado pesaban 26,5 kilos. Caminaban días y noches, agotados, incluso moribundos. Llevaban seis kilos de balas que iban botando. Incluso, arrojaban las armas. De hecho, todas las que fotografiamos para el libro estaban botadas en el desierto y operativas", reconoce Greeve.

Otra historia es la femenina. Las cantineras, que ayudaban a los heridos, eran miembros oficiales de los batallones y debían coserse su propio traje. Las camaradas, no. Disfrazadas de soldados, se colaban entre las tropas, perseguían a sus esposos o amantes, y solían tener hijos en las campañas. En Bolivia, en cambio, toda la familia acompañaba a los soldados, y sus cantineras -llamadas rabonas- vendían panes y cigarros a los combatientes.

Artículo tomado de el diario El Mercurio
Autora: Romina de la Sotta Donoso.
http://diario.elmercurio.cl